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UNP No. 84
Título : Alivios que enferman
Autor : María Claudia Rojas R.
Sección: Ciencia
Fecha : Noviembre 27 de 2005

Doña Inés lleva 57 años trabajando con hierbas, pero reconoce que hay plantas tóxicas que no se deberían vender.
Guillermo Flórez P.

Alivios que enferman

El creciente uso de las plantas medicinales ha generado preocupación en la academia, que si bien reconoce sus beneficios, advierte que su uso indiscriminado generaría entre la población intoxicaciones e incluso la muerte.

María Claudia Rojas R.
Unimedios

"Esta es una droguería verde", dice doña Inés, quitando las hojas secas de un manojo de yerbabuena, que una cliente "de hace tiempos" le pide para los cólicos de su nieto. Ella lleva 57 años vendiendo plantas medicinales y ha notado un creciente interés por este tipo de productos, porque "los remedios están muy caros".

Pero en el laboratorio del Departamento de Farmacia de la Universidad Nacional, el investigador y profesor Ahmed Salama, y otros investigadores comprueban en una lista de plantas nativas, si realmente tienen el efecto curativo que se les atribuye; mientras el botánico Édgar Linares del Instituto de Ciencias Naturales, ve con preocupación cómo falsificaciones o equivocaciones involuntarias han provocado intoxicaciones y hasta la muerte en los consumidores, porque "varias especies que se venden en las plazas de mercado no corresponden a aquellas ponderadas como medicinales".

La desinformación, particularmente sobre un grupo de hierbas "nuevas", traídas de otras latitudes o silvestres, cuyo uso es desconocido, paradójicamente genera todo lo contrario a lo que la gente busca. Uno de los ejemplos más impactantes es una fórmula de semilla de la India, boldo, hojas de sen, corteza de cáscara sagrada y ruibarbo que ha hecho carrera como adelgazante. La característica laxante de la mayoría de plantas de dicha mezcla, origina deshidratación que, mientras los vanidosos interpretan como pérdida de peso, el organismo manifiesta como disminución severa de electrolitos -importantes para el funcionamiento del corazón-, por lo que varias mujeres han fallecido de paro cardiaco, luego de su uso continuo.

Por eso, la percepción de doña Inés es atinada. A medida que crecen los seguidores de los tratamientos alternativos populares, queda al descubierto el acceso limitado a los servicios de salud de personas que recurren a ellos por estar al alcance de su bolsillo, o la respuesta masiva de los que desconfían de la medicina convencional. "¿Tiene bocado de culebra?", pregunta Ruth Vanegas, quien llega cada semana por un atado al puesto de Nancy Cucanchón, en la Plaza Las Ferias: "Mi vecina en 10 días bajó la glisemia de 300 a 130, tomando dos pocillos diarios de la infusión de esta mata. Dice que es excelente para la diabetes". "¡Ah!, sí -complementa Sandra Vargas-; es que los médicos no hacen sino darle a uno pastas y pastas, que lo que hacen es enfermarnos más".

Esta dinámica social, incontenible por la ciencia o por los organismos de control, requiere sin embargo una orientación.

En la Plaza de las Ferias, los vendedores de plantas medicinales cuentan con una guía parcial que les permite consultar cuáles son las especies peligrosas o dudosas.

Confusiones nocivas

Una planta puede tener entre 200 y 500 sustancias químicas, cada una con un efecto farmacológico diferente. Imaginemos por un instante, qué sucede cuando se combinan empíricamente los componentes de dos o tres plantas. "Puede ser una bomba", reacciona Ahmed Salama, un químico farmacéutico, Ph.D. en Fitoquímica de la Universidad de Londres, para quien el reino vegetal constituye un laboratorio poderoso, económico, no contaminador y capaz de sintetizar muchas moléculas químicas que han sido la salvación de la humanidad. Bondad que no excluye su acción tóxica o venenosa, por lo que en los últimos meses este profesor estudia las propiedades de una docena de especies para evitar que se sobrevaloren sus potencialidades.

Para ello acude a las técnicas de la Farmacognosia, que le permiten analizar y determinar las características macroscópicas y microscópicas de los órganos de las plantas, por medio de las cuales identifica una especie, y se utilizan como una herramienta de control de calidad de las materias primas para la producción de medicamentos a partir de productos naturales. El beneficio: "Evitar que la gente utilice una en lugar de otra, que tenga efecto tóxico o no posea el principio activo farmacológicamente deseado, en cuyo caso nos quedaríamos esperando la curación que nunca llega".

Existen alrededor de ocho especies vegetales, conocidas con el nombre popular de mastranto, de las cuales solo la Salvia Palifolia es hipotensiva. "Eso es peligroso porque usted puede comprar un mastranto en lugar de otro, pero uno puede ser curativo y el otro tóxico". También sucede con el totumo, famoso por su facultad expectorante y antitosiva, gracias a sus componentes fenólicos. Sin embargo, su fruto grande parecido a una naranja, se ha confundido con la coloquíntida, cuya pulpa amarga causa náusea, vómito, trastornos abdominales, dolores gastrointestinales y asfixia. El comfrey (Symphytum officionale), por su parte, utilizado para frenar hemorragias, cicatrizar heridas, reducir colesterol y lípidos, tiene al mismo tiempo efectos hepatotóxicos comprobados, dada la presencia de alcaloides pirolizidinicos, tóxicos para otros órganos.

Se calcula que en las plazas de mercado de Bogotá se comercializan 800 especies, a las que se accede por su nombre popular, en una dinámica cultural muy familiar, pero poco fiable porque muchas plantas llegan a tener hasta diez nombres dependiendo de la región del país, o distintas especies son llamadas con el mismo nombre (sanalotodo, salvia, sígueme, frutillo, altamisa, entre otras). Por eso, en la primera etapa, Salama elabora una especie de hoja de vida biológica que permite saber de qué planta se habla, sin lugar a equívocos, mediante la identidad que tiene cada una en términos morfológicos y químicos.

En la vida real

¿Qué está pasando en la plaza de mercado? La pregunta llevó al profesor Édgar Linares del Instituto de Ciencias Naturales a convertir su curso de "Botánica económica" en taller etnográfico. Una encuesta a vendedores de hierbas en la Plaza de Las Ferias lo ilustró sobre quién les enseñó ese oficio, qué dosis y en qué forma recomiendan curas, cuáles son las especies más vendidas, de dónde y cómo se proveen del producto, cuáles son los nombres populares, cuál es el perfil de los compradores.

Fruto de esa investigación con sus estudiantes es la publicación de un manual con información confiable y segura sobre las propiedades de 74 plantas medicinales, que hoy consultan por lo menos 14 vendedores de Las Ferias. "Nadie sabe si alguna de ellas está afectando masivamente la salud de los consumidores", señala el profesor, quien cruzó la literatura científica, en torno a cada una apoyado en el Herbario Nacional, con los datos suministrados por los vendedores, para elaborar una guía de consulta útil donde además del nombre científico, la descripción, distribución, uso tradicional en la plaza, uso medicinal recomendado, se referencian las especies tóxicas, con las precauciones del caso, y las especies venenosas, de las que se recomienda retirarlas del mercado.

Llama la atención que solo seis de las 74 especies están registradas por el Invima en la lista de plantas de uso medicinal, "lo que sugiere tres cosas: la distancia de ciertas instituciones para seguir los cambios de la sociedad; la entrada indiscriminada de nuevas especies a medida que la demanda de salud se hace apremiante por una población cada vez mayor; y la presión a la que, entonces, estarían siendo sometidos varios ecosistemas, pues muchas especies no son cultivadas sino que tienen evidente origen silvestre", concluye Linares.