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UNP No. 84
Título : Un rompecabezas de más de tres piezas
Autor : Hugo Fernando López Arévalo
Sección: Medio ambiente
Fecha : Noviembre 27 de 2005

El chigüiro es excelente nadador y vive en numerosas manadas. Cuando llega a adulto pesa 50 kilos.
Cortesía: Hugo Fernando López Arevalo

Un rompecabezas de más de tres piezas

Hugo Fernando López Arévalo
Magíster en Conservación y Manejo de Vida Silvestre y profesor del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia.

Dentro de la política nacional de biodiversidad se plantea como marco estratégico la tríada "conocer, conservar, usar", que ofrece a cualquier persona no especializada los elementos para entender dónde ubicar las acciones relacionadas con el patrimonio biológico. Sin embargo, fijarse como meta estos objetivos, centrándose en una especie promisoria como el chigüiro, ha permitido descubrir más componentes y enfrentarlos con la realidad que conlleva adelantar en el país procesos de desarrollo sostenible.

Durante los últimos cuatro años, el Grupo en Conservación y Manejo de Vida Silvestre de la Universidad Nacional se ha vinculado al fomento del uso sostenible del chigüiro, desarrollando investigaciones en el departamento de Casanare, apoyado en las autoridades ambientales, los usuarios y otras entidades de investigación. Las necesidades y dificultades fueron el punto de partida para adelantar proyectos exitosos de uso de la especie, cuyo consumo se ha hecho más popular en ciudades como Bogotá, donde es posible encontrarlo en reconocidos restaurantes e incluso, escuchar a voceadores ofrecer su carne en algunos barrios de la ciudad.

Lamentablemente, la demanda del roedor por parte de Venezuela y la baja capacidad de control, han contribuido a la sobreexplotación de la especie, como lo muestra la aprobación en 2000 del aprovechamiento de diez mil chigüiros provenientes de un zoocriadero ficticio, lo que originó la sentencia a la Corporación Autónoma Regional de la Orinoquia (Corporinoquia) y al Ministerio del Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial (Mavdt) de adelantar acciones de recuperación de ese mismo número de ejemplares en Casanare.

A pesar que desde 1987 se ha promovido la creación de zoocriaderos de chigüiro, las explotaciones de carácter comercial no cumplen con las características definidas para este tipo de actividad. Por eso, las autoridades ambientales están impulsando la reglamentación de la cacería comercial como alternativa productiva sostenible de ésta y otras especies, y la investigación como herramienta que sustente sus decisiones.

Piezas de la investigación

El componente "conocer" ha sido abordado por la investigación, al tratar de contestar ¿cuántos chigüiros hay?, ¿dónde y cómo están las poblaciones y sus hábitat?, así como proveer conocimiento para simular escenarios de cosecha. La información obtenida, apoyada por el saber local, ha conducido a la evaluación de planes de conservación y monitoreo, así como al conocimiento de la dieta y áreas de desplazamiento indispensables para el manejo sostenible de la especie.

No obstante la dificultad en el intercambio de información y equipos entre las diferentes entidades, la lentitud y exigencias administrativas imposibles de cumplir en áreas remotas, que no reconocen la realidad de la investigación en campo ni el papel de la universidad en la resolución de este tipo de problemas, la información técnica obtenida ha permitido avanzar hacia un mercado legal.

Las autoridades ambientales

Más de dos años se ha tomado el Ministerio en reglamentar la cacería comercial, lo que unido a la falta de liderazgo de Corporinoquia con respecto a las licencias ambientales, han ocasionado la percepción de los usuarios interesados en aprovechar el chigüiro, que es más conveniente mantenerse en la ilegalidad. A pesar de la directriz presidencial expresada en un consejo comunitario local donde ofreció que en un mes el aprovechamiento legal del chigüiro sería una realidad.

La actitud de las autoridades ambientales dificulta los objetivos de "conservar" y "usar" y va en contravía del principio de que el manejo sostenible de fauna silvestre es fundamental en el desarrollo económico.

La fragmentación de criterio entre las entidades involucradas como el Ministerio de Protección Social, quien tiene a su cargo la regulación de productos para el consumo humano, las autoridades ambientales y las policivas, puede ocasionar la imposibilidad legal y técnica de utilizar productos provenientes de la vida silvestre.

Durante el periodo de cuaresma, el roedor más grande del mundo, sufre una fuerte presión, pues la iglesia católica acepta el consumo de su carne durante la Semana Santa

Los usuarios

El interés de los usuarios, principalmente propietarios de hatos en Casanare, organizados en asociaciones de productores de chigüiro ha sido un punto a favor del componente "usar". Sin embargo, en la lentitud de las respuestas políticas han encontrado justificación para involucrarse en el activo mercado ilegal de la carne de la especie.

De otra parte, la explotación con poca inversión los lleva a mirar con escepticismo las propuestas de reglamentación y la necesidad de invertir recursos para su uso sostenible. Las múltiples percepciones por parte de quienes conviven con el chigüiro, que lo tienen desde plaga hasta negocio fácil, deben ser un elemento de planificación para las autoridades ambientales, teniendo claro que la persistencia de las poblaciones en vida libre depende de la actitud y el compromiso locales.

Así la voluntad política en los diferentes niveles es la clave para reunir las múltiples piezas de este rompecabezas. De lo contrario, mientras nos desgastamos legislando y tratando de controlar un mercado ilegal, pero inmerso, veremos desaparecer al chigüiro y sus hábitat bajo la mirada cómplice de investigadores, usuarios y autoridades.

Consumos depredadores

El uso del chigüiro, capibara o ponche, el roedor más grande del mundo con un peso de 50 kilos, se remonta a épocas precolombinas. Las referencias a su comercialización vienen de La Colonia, cuando los primeros ganaderos lo sacrificaban en gran número, convencidos de la competencia con el ganado vacuno y por el uso que el chigüiro hace de la poca agua disponible en verano. Los mayores sacrificios, que coincidían con la Semana Santa, llevaron a la intervención papal mediante una bula del siglo XVIII, la cual autorizó su consumo convirtiéndolo en una tradición religiosa.

Venezuela es quizás el país donde su consumo es más arraigado. Sin embargo, Brasil, Argentina y Colombia también cuentan con poblaciones silvestres y tradición de uso, los dos primeros con mercados de piel y carne establecidos legalmente. Ante la inminencia de extinción, Venezuela originó la declaratoria de veda total en la década de 1960 y actualmente al desarrollo de programas de manejo, los cuales no logran cubrir el mercado interno, estimado en 120.000 individuos anuales. El excedente ha sido cubierto, desde 1959, por individuos provenientes de áreas silvestres colombianas, tanto de explotación legal como ilegal..