FOTO

Fuente: Cálculos propios con base en Encuesta Nacional de Hogares y Encuesta de Calidad de Vida.

 

FOTO

Fuente: DANE

 

Un aporte a la discusión sobre matrículas universitarias

El doctor Hommes hace un análisis de los aspectos que tienen que ver con las matrículas universitarias y luego propone una tesis, basada en investigaciones, para que la educación pública sea viable.

Rudolf Hommes

Leí en días pasados una columna que publicó el diario El Tiempo del Rector de la Universidad Nacional en la que hacía un emotivo llamado de atención sobre la necesidad de mantener bajos los costos de las matrículas y dotar a las universidades de mayores recursos para la investigación. No creo que sea posible lograr que el gobierno y los políticos suban los impuestos y le destinen a la universidad pública las sumas que se necesitarían para hacerlo bien. Lo más probable es que nunca se alcance la amplitud y cobertura que se requiere que tengan las universidades públicas para el desarrollo del país, para generar los aumentos de productividad que se necesitan y para mejorar los ingresos de una proporción creciente de colombianos. Por otra parte, la educación básica y la secundaria deben ser gratuitas y obligatorias, y esto es prioritario porque es el camino para eliminar las enormes disparidades de ingreso existentes. Teniendo en cuenta estas prioridades, las de salud y seguridad social y las que exigiría erradicar la pobreza extrema en un horizonte de tiempo finito y relativamente corto, no encuentro totalmente justificado que la matrícula sea subsidiada, pero reconozco que debe haber subsidios para asegurar el ingreso de los estudiantes calificados de los estratos inferiores que por su nivel de pobreza no tienen acceso al crédito, o establecer mecanismos para garantizar el acceso de ellos al crédito.

La razón por la que discrepo de la necesidad de subsidiar indiscriminadamente a los estudiantes de las universidades públicas es porque no hay necesidad de hacerlo, pues los ingresos adicionales que se generan con la obtención de su grado universitario hacen posible que puedan pagar una matrícula que cubra los costos de la educación si se les concede crédito en condiciones que les haga posible asumir el riesgo de la deuda y pagarla. Los profesionales de buenas universidades obtienen durante su vida laboral ingresos que son más del doble de los que obtienen personas comparables con un nivel inferior de educación y soportan tasas de desempleo que son muy inferiores a las del resto de la población. Un programa de crédito diseñado para que cualquier profesional pueda pagarlo en un número suficientemente largo de años me parece la forma indicada y justa para garantizar el ingreso de los estudiantes calificados que son admitidos a las universidades en forma competitiva.

Si este grupo de la población, los profesionales, van a generar ingresos que son tan distantes de los del resto de la ciudadanía es justo pedirles a ellos que paguen lo que cuesta la educación que genera esa disparidad de ingreso y destinar esos recursos a fortalecer todo el sistema educativo.

Por otra parte, si los estudiantes cubren los costos de las universidades, estas podrán crecer mucho más rápidamente y llegar a coberturas de 50% y superiores, que son las requeridas para que Colombia pueda crecer más rápidamente y desarrollarse técnica y culturalmente. En resumen, subsidiar futuros profesionales en las actuales condiciones de la economía no solamente es injusto, sino que es un obstáculo para el progreso de la universidad pública y de todo el sistema educativo. Los defensores del subsidio alegan que la mayoría de las personas que estudian en las universidades oficiales son jóvenes de bajos ingresos. Las estadísticas no respaldan esa afirmación. Un estudio del CEDE, del que se extrajo el Cuadro 1 (Fabio Sánchez y otros, Equidad Social en el Acceso y Permanencia en la Universidad Pública: Determinantes y Factores Asociados. CEDE, Uniandes, Oct., 2002), muestra cómo la mayoría de los estudiantes en las universidades oficiales provienen de hogares en los dos quintiles superiores y solamente el 16 por ciento proviene de los dos quintiles más bajos.

Para tener una idea sobre la viabilidad de cobrar la educación superior en Colombia realicé un ejercicio

 

que consiste suponer que los profesionales obtienen salarios que son 2,6 veces los que obtienen los no profesionales y que devengan ese salario diferencial toda su vida profesional, suponiendo 43 años de vida laboral. Suponiendo que la inversión que hacen los profesionales es el sacrificio de ingreso durante los años de estudio más el valor de la matrícula estimé para ese ejercicio las tasas internas de retorno de la educación si la matrícula fuera gratuita (21% real) y si la matrícula anual fuera equivalente al 50% del salario anual inicial del profesional (11% real). Si la matrícula se financia para pagar en 30 años, con dos años de gracia para intereses y principal, intereses del 8 por ciento real y un seguro que paga la deuda en los períodos de desempleo (suponiendo un desempleo de profesionales del orden del 7%), la tasa interna de retorno de la educación superior aumenta a 14% en comparación con el ejercicio en el que se paga toda la matrícula de contado. No pretendo afirmar que estos números corresponden a la realidad, posiblemente sobreestiman el fenómeno , pero permiten visualizar una solución financiera equitativa y la dimensión del subsidio. La educación, aún pagando el costo de proveerla, genera un rendimiento real importante. Si no se cobran matrículas o si se subsidian parcialmente, este rendimiento casi se duplica. Esto no se justifica, y mucho menos cuando el 55% de la población beneficiada proviene de hogares en los más altos niveles de ingreso, y teniendo en cuenta que un programa de crédito con amplios plazos para pagar permite cubrir los intereses y genera una rentabilidad adicional.

El esquema que se propone consiste en exigir que todo el mundo pague matrículas que cubran los costos de la educación garantizando crédito para el que lo solicite a una tasa de interés comercial, con un seguro para cubrir los periodos de desempleo, un periodo inicial de gracia para prever las dificultades de obtener un primer empleo y un plazo largo (20 a 30 años para pagar el crédito). La debilidad de este esquema es que los estudiantes de bajos ingresos no van a tener la misma facilidad de acceder al crédito porque representan para los otorgantes de crédito un mayor riesgo, porque no pueden dar garantías y porque en relación con su nivel de ingreso la percepción del riesgo que tendrían que asumir es muy grande (en el caso de los más pobres, el crédito puede valer más que todos los activos de la familia), a pesar de que el que va a pagar la deuda va a ser el profesional. La solución a este problema es que el Icetex o alguna otra entidad oficial otorguen garantías, que estarían garantizadas, a su vez, con una porción fija de los futuros ingresos del profesional. Esto debe complementarse con becas para los estudiantes más pobres, concedidas con base en su desempeño académico, pero limitando el acceso a ellas para no beneficiar a los de mayores ingresos. Las becas y el costo del seguro de crédito se financiarían con los recursos que hoy se utilizan para subsidiar a los estudiantes de las universidades oficiales. El saldo puede seguirse destinando en forma competitiva a las mismas universidades para financiar investigación y desarrollo cultural y académico.

Esta idea haría posible que las universidades se autofinancien y se liberen de la dependencia del presupuesto del los gobiernos locales y el gobierno central. También permitiría que crecieran aceleradamente y se fortalecieran.

Visitar

Visitar

Videoespecial

 

Publicación de la Unidad de Medios de Comunicación -Unimedios- de la Universidad Nacional de Colombia.

PBX.: (1) 316 5000 ext. 18108 - 18106 Fax: (1) 316 5232 • Correo electrónico: un_periodico@unal.edu.co
Universidad Nacional de Colombia
Carrera 45 N° 26-85 - Edificio Uriel Gutiérrez
Bogotá D.C. - Colombia
Gobierno en LíneaAgencia de Noticias UN
PBX: 3165000
webmaster@unal.edu.co

Aviso Legal - Copyright