Con el triunfo de los demócratas se abre un nuevo capítulo en la democracia norteamericana, en la que durante los últimos años había imperado la visión republicana.

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Triunfo Demócrata en el Congreso estadounidense: matices y perspectivas

En el balance de las elecciones del pasado 7 de noviembre en Estados Unidos, según el profesor Reyes, ni los demócratas ganan todo ni los republicanos lo pierden todo. En realidad, los políticos les están es apuntando a las elecciones presidenciales del 2008.

Giovanni E. Reyes
Economista, Asesor del Programa de Desarrollo de la ONU

En una sociedad poco flexible en términos políticos, el reciente triunfo del Partido Demócrata, que le permite retomar el control de ambas cámaras, es algo que se tuvo que fraguar muy lentamente. En efecto, los ataques de septiembre del 2001 llegaban 10 meses después de las elecciones que el Presidente George W. Bush había perdido en el voto popular, pero ganado mediante controversiales procesos legales en el otoño del 2000. La cohesión social que significó la respuesta del país ante los ataques ayudó a recuperar la legitimidad cuestionada de la administración republicana.

El talante guerrero de quienes estaban al mando no se hizo esperar. De esas condiciones emergieron la “Ley Patriótica” y el desencadenar ataques masivos a Afganistán, primero, en octubre del 2001, y a Iraq, en marzo del 2003. Aún cuando las dudas parecían ir prendiendo en el ánimo del electorado, George W. Bush y el grupo republicano se mantuvieron en la cima de la colina, con notable grado de fortaleza.

Se presentaba a los demócratas según el más típico discurso conservador en Estados Unidos: un grupo minoritario de liberales, cuya agenda “amenaza la estabilidad del país y los valores sobre los que se ha levantado la nación”. Prueba de la aceptación, el Partido Republicano pudo retener el control de ambas cámaras del Congreso, además de legitimizar la presidencia, ahora con casi 1,2 millones de votos más, en el voto popular de los demócratas, a finales del 2004.

El peso de la guerra

Pero la verdad de los hechos que fueron acarreando las aventuras bélicas fue calando en los electores. Ya hay más de 1.700 soldados norteamericanos cuyos restos han regresado en bolsas plásticas a Estados Unidos. Esto ha afectado significativamente a familias sin mayores recursos económicos. Para ellos, entrar al ejército es también un medio de inclusión social, mediante el acceso a servicios de salud, seguros, ingresos directos y educación. Es evidente que la textura de la sangre une más que la del petróleo, por más que grupos radicales insistan en tratar de convencernos de lo contrario, que el crudo es un recurso natural no renovable, en tanto la población humana sí se puede renovar.

Pero los efectos no sólo se centran en pérdidas humanas, en las que, por cierto, los iraquíes han llevado la peor parte, con no menos de 90.000 asesinatos en casi tres años. Los precios del petróleo se han disparado, algo contrario a lo que se esperaba. El avispero mortal de Iraq nos ha ido acostumbrando a vivir con el estómago apretado. Las tragedias son tan cotidianas como sin descenso, y los “rebotes” económicos de la “aventura iraquí” han resultado en fortalecer a regímenes antagónicos a Washington, tales como Irán y Venezuela.

Y para colmar los ánimos, las publicitadas armas de destrucción masiva no aparecieron por ninguna parte. Es claro que Sadam Hussein no hubiese sido un buen candidato para invitarlo a cenar en casa, pero en una sociedad tan basada en las verdades públicas de los dirigentes, una equivocación, desinformación o abierta mentira en ese sentido se fue tornando intolerable.

Lo que cambiará

¿Qué se puede esperar del nuevo Congreso con dominio demócrata? Creo que son cuestiones de matices. Es muy probable que se entristezcan quienes hacen votos por cambios radicales. La política en Estados Unidos no se mueve a golpes de timón.

Esos matices en la política del país se basarían en tres aspectos básicos.

En primer lugar, muchos de los demócratas tienen inclinaciones conservadoras. No deja de ser paradójico que un presidente como Bill Clinton haya sido el primer mandatario demócrata que concluye dos periodos presidenciales luego de Franklin D. Roosevelt, precisamente por hacer un tanto lo contrario a su antecesor del mismo partido. Roosevelt estableció programas que se proponían eliminar la pobreza en el país. Clinton recortó programas sociales. No tanto a nivel de motosierra como han sido las bonitas tajadas que han quitado los republicanos, pero no dejaba de existir cierta convergencia bipartidista en ese aspecto.

En segundo lugar, se impone con mucho la “lógica política” del oportunismo circunstancial. Muchos demócratas vieron cómo las encuestas marcaban distancia entre el apoyo a la guerra en Iraq y el electorado promedio, el que por lo general se muestra poco informado y con más tendencia a mostrar “fortaleza” en las exposiciones que consistencia de argumentos. De allí, mucha de la manipulación que surge en las elecciones de innumerables países, no sólo de Estados Unidos: las contiendas electorales se transforman en concursos de popularidad. Es en ese escenario, dominado ahora por un juego de posiciones en donde se ubican los actores más importantes de la reciente victoria electoral.

Los demócratas saben que deben ser cuidadosos. Los republicanos, por lo general, los han denunciado como los “blandos” para asuntos militares. Este contraste ha resultado favoreciendo al actual partido oficial. Muestra de ello es el apoyo que les hacía aparecer invencibles tanto a Bush padre con la Guerra de Kuwait en 1991, como a Bush hijo con Iraq. De allí que el descenso en el número de tropas en Iraq, de realizarse, no sea algo que se concretaría de manera fulminante.

Un tercer aspecto: los márgenes de interés y beneficio inmediatista que buscan los electores y el control que ejercen en los parlamentarios hacen que la representatividad responda a coyunturas, más que a un programa político de largo alcance. Esto es una espada de doble filo. Por una parte hace más mandatario que los políticos representen grupos poblacionales. Pero, por otro lado, se acentúan las visiones de muy corto plazo.

Nuevo panorama

En todo caso, tanto demócratas como republicanos, constituyen grupos políticos que dan evidencia de flexibilidades cruzadas. Los demócratas son más “tolerantes” con asuntos como migración, pero más “reacios” a las aperturas comerciales. Los conservadores actúan con un patrón más “endurecido” hacia la migración (prueba de ello es la iniciativa del muro en la frontera México-Estados Unidos, lo que deja intacto el fondo de este problema), pero son más “propensos” a una “libertad” comercial que les favorezca. Se está con el campeón hasta que pierda.

Desde principios de los cincuenta hasta 1994 los demócratas dominaron el congreso estadounidense. De 1994 al 2006 fue el periodo republicano de supremacía parlamentaria. Un nuevo capítulo se abre ahora. Una Casa Blanca arrinconada está lista para culpar de falta de respuestas administrativas a un congreso hostil. Los demócratas saben que el dominio parlamentario puede transformarse rápidamente, sin la prudencia política, en un regalo envenenado. La auténtica contienda no es esta. Es la elección presidencial de noviembre del 2008. Es hacia allí a donde se dirigen los recursos y las estrategias más afiladas de quienes anhelan el poder público de la principal potencial militar del planeta.

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