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Algunas claves para entender el proceso electoral ecuatoriano

A pesar de que muchos sectores ven con buenos ojos la derrota de Berlusconi en las elecciones de abril, otros no están seguros de lo que sigue. El profesor Botti habla de un berlusconismo sin Berlusconi.

Carlos Duarte,
Doctorante de l’Institut des Hautes Etudes de l’Amérique Latine, París III

Durante la última década el Ecuador ha tenido siete presidentes con promedios de mandato de entre un año y cinco meses. Los últimos 27 años de democracia han soportado importantes niveles de desempleo y subempleo. La pobreza es del 39% (3 de cada 10 ecuatorianos de zonas rurales viven en condiciones de indigencia o pobreza extrema). En este país existe un déficit de 1,4 millones de viviendas y el 80% de los ecuatorianos carece de seguro médico. La tasa de desempleo se encuentra entre el 10 y 12%. Aquellos que tienen trabajo viven en su mayoría con un ingreso de 300 USD al mes, mientras que la canasta familiar bordea los 450. Esta situación ha provocado que el número de personas que han migrado (2,5 millones aprox.) sea tan grande como los habitantes de Guayaquil, su ciudad más habitada. En el 2005, las remesas sumaron 2.031 millones USD, monto superado solamente por el ingreso del petróleo. Sin embargo, como producto de la renegociación de los contratos petroleros y de su precio durante los años anteriores el nuevo gobierno recibirá un superávit del 5% del PIB, que representan aprox. 1.600 millones, mientras la deuda publica es de 10.800 millones USD y representa un 36% del PIB.

En este contexto, es posible observar una correspondencia entre la situación económica del Ecuador y la del resto de los países andinos: economías ampliamente dependientes del exterior y de las fluctuaciones de los precios internacionales de materias primas. ¿Pero acaso la inestabilidad política, característica del sistema político ecuatoriano durante los últimos 15 años, es un impedimento para establecer correspondencias con los procesos electorales de la región?, ¿cuáles son las particularidades que nos ayudarían a entender el actual proceso electoral ecuatoriano?

1. La primera vuelta y el patrón democrático latinoamericano

Los resultados de las elecciones en Ecuador evidencian algunos de los fenómenos más relevantes de los últimos años en el escenario político latinoamericano: i) la crisis de los partidos políticos tradicionales y la tendencia a la polarización de las representaciones políticas entre las posiciones de izquierda y de derecha democráticas; ii) el peso de la “videopolítica”, el marketing y los presupuestos exorbitantes en la construcción de las imágenes y las representaciones políticas; iii) la ingerencia directa en la política interna de los debates y las alianzas políticas en el ámbito internacional: de un lado, la concordancia AFPcon los gobiernos que representan un giro a la izquierda en el contexto regional latinoamericano y, del otro lado, aquellas posiciones que continúan alineadas bajo la protección tutelar estadounidense, y iv) la sombra de fraude electoral, bien sea por las maquinarias electorales el día de las votaciones o por la manera como los datos fueron sistematizados, con programas de procesamiento de la información que plantean más dudas que claridades en torno a su funcionamiento.

Con respecto a la crisis de los partidos políticos tradicionales y la tendencia hacia la polarización política, vale la pena prestar atención a los efectos de atomización y dispersión que han ido produciendo los procesos de liberalización económica en la sociedad ecuatoriana. Así las cosas, durante los últimos 15 años de implementación del decálogo neoliberal, la persistencia de la crisis política ecuatoriana muestra correspondencias con la permanente inestabilidad económica que afecta a amplios sectores productivos de esta sociedad. Nos encontramos frente a la crisis política como producto de la inestabilidad económica, tesis contraria a la que defienden los analistas de los organismos económicos multinacionales: la crisis económica como producto de la inestabilidad política.

Es importante remarcar que dicha división va más allá de la distinción de clase o de los determinantes étnicos. De esta manera, además de la intelectualidad quiteña y de los sectores de izquierda (incluido el Pachakutik indígena), hay un sector industrial preocupado por la competencia extranjera bajo los marcos actuales en que se plantea la firma del TLC y que ha terminado cerrando filas en torno a la propuesta de protección de los sectores productivos nacionales planteada por Correa. Del otro lado, junto a los grandes exportadores y el capital financiero nacional, encontramos los medianos comerciantes, los transportadores y las elites indígenas afiliadas a la poderosa iglesia evangélica. Todos ellos, tanto en los suburbios urbanos como en los sectores más olvidados de la Sierra y el Amazonas, son promotores del magnate bananero. De esta manera, lo que se vio durante la primera vuelta electoral fue la polarización entre posibles ganadores y perdedores de la globalización neoliberal. Un conflicto que no encontró vía de solución en el insulso centro político y que ahora busca solucionarse como un enfrentamiento moral (entre el bien y el mal), en el terreno de la democracia representativa.

2. La segunda vuelta y el peso del Ecuador profundo

Los resultados de la primera vuelta electoral mostraron como ganadores a Novoa, en primer lugar, y a Correa, en un incómodo segundo puesto, justo delante de un sorprendente Gutiérrez, reconfiguraron las estrategias y el terreno de discusión política a un doble nivel:

i) El desplazamiento estratégico del foco electoral: Es posible reconocer cómo, en la primera vuelta, las representaciones mediáticas de los candidatos se concentraron en los sectores más identificados con la clase media urbana. Una clase que muestra a Correa como ganador en la primera vuelta. Sin embargo, la victoria aplastante del partido de Lucio Gutiérrez en el Ecuador Profundo, las provincias más pobres del país, logró cuestionar la estrategia de uno de los dos candidatos a la segunda vuelta, Rafael Correa. Es probable que el electorado de este “Ecuador Profundo” sea determinante a la hora de definir el ganador, si se tiene en cuenta la fortaleza de cada candidato en las metrópolis urbanas: Correa, en Quito, y Novoa, en Guayaquil. Advirtiendo que el potencial electoral guayaquileño es mucho mayor que el quiteño.

ii) La ausencia de debate político y la preeminencia de las prácticas clientelares: La importancia electoral de las regiones más excluidas y rezagadas en la implementación de las diferentes versiones del proyecto nacional ecuatoriano (el Ecuador profundo) tuvo como efecto la transposición al ámbito nacional de las lógicas políticas que hoy predominan en esas regiones. Dichas lógicas, como veremos, se rigen por prácticas clientelistas que han sido fortalecidas luego de 15 años de paternalismo desarrollista. De esta manera se produjo el deterioro progresivo de la discusión en torno a los proyectos de país y la maximización de las estrategias demagógicas y de los golpes morales a la figura del contendor (lucha entre el bien y el mal).

3. Las estrategias demagógicas y la conexión desarrollista

Siguiendo esa argumentación, me parece conveniente subrayar dos fenómenos que por su importancia en el “Ecuador profundo” han monopolizado las actuales estrategias de los candidatos en contienda: i) la omnipresencia del factor religioso y ii) el paternalismo desarrollista como articulador del discurso político y garante de la estabilidad social.

La influencia de la iglesia católica en las poblaciones indígenas y campesinas es bastante conocida: misiones de evangelización en la0 amazonia y presencia en el orden gamonal (hacendado, teniente político y párroco) en la sierra. Sin embargo, la religión y el pragmatismo desarrollista de la política de los movimientos sociales rurales se consolidaron como estrategias demagógicas a consecuencia de las oleadas organizativas indo-campesinas: la primera, en los años 60 en el marco de las luchas por la tierra y, la segunda, desde la década de los 80 por la disolución definitiva del orden gamonal y la consolidación de los procesos de organización política de estas poblaciones.

Como respuesta a los levantamientos indo-campesinos, liderados por la Conaie en los años 90 y comienzos del nuevo siglo, se desatarían dos procesos paralelos: una importante ofensiva de la religión evangélica y la inundación de fondos de ayuda al desarrollo rural. Analizada esta respuesta de las instituciones internacionales es posible observar hasta qué punto la masiva conversión religiosa ha dividido la unidad del movimiento en dos partidos: El Pachakutik (indigenista y clasista) y el Amauta (evangélico y de corte modernizador), que por encima de las discusiones políticas nacionales han puesto sobre la mesa la cuestión religiosa y la lucha por el poder local.

De otra parte, la inundación desarrollista ha sido totalmente ineficiente como paliativo a las situaciones de marginación y pobreza, pero ha producido efectos reales en la mentalidad de las organizaciones y de los líderes indo-campesinos. Así, organizaciones que antes se preocupaban por transformar colectivamente las condiciones estructurales de exclusión política y de marginación social, hoy se hallan profundamente debilitadas gracias a la dependencia y división que los fondos al desarrollo crearon en ellas. La descentralización y el desarrollo local fueron el caballo de Troya para integrar políticamente a estas organizaciones bajo los intereses de la sociedad de mercado. La reflexión política cedió su importancia frente a la necesidad de obras y de proyectos que mantengan las nuevas clientelas políticas (esta vez indígenas). A este respecto, basta con revisar los resultados electorales de Pachakutik, que fueron la base de sus logros a nivel nacional, en el ámbito de sus luchas antiimperialistas (contra las petroleras extranjeras y la oposición a la firma del TLC), pero virtualmente aplastados por la realidad local: la división del “voto indígena” y el fantasma del Coronel Gutiérrez y sus programas asistencialistas.

Así, las mismas poblaciones, que en otras ocasiones estuvieron movilizadas y mantuvieron en jaque a la estructura política ecuatoriana, fueron las que en las pasadas elecciones volvieron a votar masivamente por Gutiérrez. Una decisión motivada por el recuerdo de su paternalismo demagógico durante su breve periodo presidencial (pequeñas obras de desarrollo local, apoyadas por visitas esporádicas de terreno en las que distribuía picos y palas), y de su alianza con los partidos evangélicos luego de su distanciamiento del Pachakutik, por el incumplimiento de sus promesas políticas.

Hay que esperar a ver qué proporción de esa misma población votará por el Prian de Álvaro Novoa, en respuesta a su combinación de: i) paternalismo demagógico: la distribución de sillas de rueda, sacos de harina y microcréditos indiscriminados de mil dólares en cada concentración política y ii) de proselitismo religioso: su autoproclamación de “soldado de Dios” frente a la amenaza comunista que encarna Rafael Correa, y sus elaboradas dramatizaciones religiosas: sanaciones milagrosas y arenga política Biblia en mano.

Así, ¿quién lo diría?, los discursos de la disminución del Estado en favor de la iniciativa privada, de la confianza en el mercado y de la pertenencia religiosa por encima de la discusión política, tan cercanos al candidato del Prian, encuentran una correspondencia sorprendente con los fenómenos producidos por las políticas desarrollistas de ultima generación.

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