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Foto: Cortesia Miguel Huertas

 

 

Ámbitos: El arte como resistencia

El maestro Miguel Huertas, artista plástico y coordinador de la Maestría en Educación Artística Integral de la Universidad Nacional, es uno de los ocho nominados por el Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá para el Premio Luis Caballero que se entregará en el 2007. Su proyecto, Ámbitos, es el resultado de una experiencia espacial con el lugar, su cotidianidad, su entorno físico y temporal.

Sandra Gómez,
Unimedios

A finales de los 70, Luis Caballero sorprendió con el giro que tuvo su obra al pasar de una pintura contemporánea a una regresiva de figuración tradicional, una forma de pensar el arte en la que se empeñó aún sabiendo que se consideraba anacrónica. El maestro Miguel Huertas interpreta así la actitud de resistencia de Caballero en su libro El largo instante de la percepción. Los años 70 y el crepúsculo del arte en Colombia: “Posiblemente su intuición le señalaba la pérdida de la experiencia del cuerpo en la actualidad. Y tal vez esos cuerpos que obsesivamente pintó después del periodo de políptico y que se marginan de la contemporaneidad (del formalismo, según él) son el testimonio de una negativa a participar de esa disolución y de un intento por mantener en vida ese mundo donde los cuerpos hacían presencia real en un espacio coherente”.

El nombre de Luis Caballero le da hoy nuevamente a Huertas la posibilidad de exponer su propia resistencia a la pérdida de la experiencia. Nominado por el Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá, IDCT, para el Premio Luis Caballero, expone, desde el pasado 21 de octubre en el Planetario Distrital, Ámbitos, un proyecto que empieza en la sala Santa Fe y termina en la conciencia de percepción individual a la que invita a cada espectador.

La intervención

“Para el jurado fue inquietante e interesante la propuesta con la que el maestro Huertas entra nuevamente en el circuito artístico. El proyecto, para el que tendría un año y medio en caso de ser seleccionado, planteaba trabajar con lo que propusiera el lugar, su cotidianidad, su entorno físico y temporal. Es decir, el resultado final no se podía conocer de antemano”, confiesa el maestro Jaime Cerón, gerente de artes plásticas del IDCT.

Sólo después de varios meses de estar merodeando, de afuera hacia dentro (el Parque de la Independencia, el Planetario, la sala Santa Fe) y de adentro hacia fuera (la sala, la luz, la sombra, las ventanas, otra vez el parque) empiezan a surgir imágenes, las que siempre le han obsesionado, las que tienen que ver con la caducidad de lo nuevo: entre los grandes árboles se esconden algunos vestigios del ingreso de la modernidad, del progreso, como ese viejo carrusel en desuso. Recortado del parque y entronizado en la pared de la sala en penumbra que varía con la hora y el clima, este dibujo se asemeja a un fresco, como vestigio de otro tiempo. “El proyecto tiene que ver con eso, con imágenes de lo que ya está apunto de no ser, con una impresión intencional de anacronismo”, insiste Huertas.

Ámbitos no es una exposición convencional, en la que el espectador llega a una sala y encuentra el resultado de una obra hecha en el taller, que después es montada cuidadosa y artificiosamente en un espacio. Técnicamente está compuesta de objetos tradicionales. Hay dibujos y fotografías en blanco y negro, algunas digitales a color un poco más ficcionales. Sin embargo, estas obras no están pensadas como el objeto que se sitúa en un lugar imaginario, “son imágenes que interpelan la relación con el espacio, con la objetividad de las cosas”.

Por eso no hay luz artificial en la sala. Por eso el espectador puede percibirla en su espesor, su densidad, su profundidad. En este caso, para Miguel Huertas, “intervenir el espacio significa poner cosas que permitan apreciar mejor lo que ya estaba ahí”, prolongarlo hacia abajo o reflejarlo.

Uno de los elementos que caracteriza la lógica de los espectáculos es que, en general, el espacio se aplana. En el caso de una exposición, la luz no solo aplana la sala, sino que las obras se hallan tan iluminadas que son sacadas de su contexto espacial. Aquí la sala, las fotografías, los dibujos y los paisajes van cambiando con el color del día. Sin embargo, todo está calculado para que el espectador no se pierda ni tropiece. Los dibujos, además, están hechos para ser vistos en la penumbra.

Ámbitos recoge esos pequeños matices que hacen de un momento y un lugar reconocido una experiencia nueva. “El tiempo que aspiran alcanzar estas obras es el instante inmediato, cotidiano, de la percepción consciente. Aquel que, como el Aleph de Borges –el lugar donde confluían todos los lugares–, abre la conciencia al presente, donde confluyen todos los tiempos y del que debemos llegar a ser dueños”, decía el maestro Miguel Huertas sobre el lugar que deberían tener las obras de Luis Caballero. El mismo lugar que parece reclamar su propia obra hoy en Ámbitos.

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Publicación de la Unidad de Medios de Comunicación -Unimedios- de la Universidad Nacional de Colombia.

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